Él no era un chico fuera de lo común. Le gustaba pensar que se diferenciaba de los demás por su manera de pensar, por su manera de ser. Para él, ser como era lo convertía en único en el mundo. Pero nunca tuvo oportunidad de demostrar lo especial que era.
Y un día... Sucedió.
No estaba cansado, no tenía sueño... Pero decidió dormir. "Quiero soñar" pensó. Y así lo hizo.
Pasó por el mundo difuso de la vigilia, sin entretenerse demasiado, para luego comenzar a vagar por el maravilloso mundo de los sueños.
No encontró tanta gente como de costumbre, aunque sí un par de caras que ya había olvidado.
Flotando, siguió pasando por cantidad de sitios distintos. Estaba sonriendo. Lo sabía porque podía verlo. En ese momento, era feliz.
Entonces encontró un lugar que nunca había visitado antes. Era un espacio abierto, con el cielo de un precioso color jamás visto. A pesar de eso, había farolillos, y formando un círculo también habían cómodos bancos. Y entonces la vio.
Una chica le miraba desde el banco. Quiso acercarse, pero ya era demasiado tarde, pues cuando quiso darse cuenta ya estaba sentado junto a ella.
Se miraron a los ojos, sin decir ni una palabra. Siempre había pensado que unos ojos marrones no son tan especiales como los de otro color... Y en ese momento vio lo equivocado que estaba.
Jamás había visto unos ojos tan especiales. Dentro de ellos pudo ver la felicidad, la luz, amor, miles de amaneceres junto a la persona que quieres. Pudo ver noches, días y momentos compartidos con intimidad y cariño. Experimentó la sensación de reconocer a una persona solo por el roce de su piel, el olor de su pelo y... Por sus ojos.
Sin decir nada, ella le mostró todo aquello. Sin decir nada, ambos siguieron mirándose a los ojos, abriendo su corazón al otro, siendo completos desconocidos.
Sin decir nada, rieron. Sin mediar palabra descubrieron lo mucho que tenían en común. Incluso lloraron juntos. Él le cogió la mano y el vínculo se intensificó.
Pasearon. Pasearon sin siquiera levantarse del banco. Primero estaban en una bonita plaza, y al segundo siguiente en un precioso bosque, que al momento dejaba paso a una playa.
Aquello era la felicidad. Ese chico, era feliz, y en ese momento, parecía que duraría toda la eternidad.
" Y allí estaba ella... Y entonces, lo comprendió."
Entonces una silenciosa lágrima cayó por la mejilla de la chica.
Dolió. El chico no soportaba verla sufrir, y sabía que algo pasaba.
Con miedo, el chico habló. "¿Qué te pasa?"
La chica apartó apenas un instante la mirada. Sus ojos, huyeron del chico. Él no estaba preparado... Después de tanto tiempo conectados, se sintió perdido, vulnerable... Entonces con el dorso de la mano secó la mejilla de ella.
"¿Qué te pasa?" Repitió.
Ella levantó la mirada, encontró sus ojos de nuevo.
"Tienes que irte."
El corazón del chico se aceleró. Y entonces se dio cuenta de lo que ocurría. Se dio cuenta de porque lloraba.
Se sentía flotando, pero en otro plano, notaba sus párpados.
Estaba a punto de despertarse.
Su corazón se aceleró aún más. El sobresalto hizo que casi abandonara ese mundo, pero se aferró a él con todas sus fuerzas.
"Te buscaré. Te prometo que lo haré."
Ella no dijo nada. O al menos no movió los labios. Sus ojos hablaron por ella.
El volvió a hablar, y una lágrima puso el punto y final.
"Te encontraré."
Parpadeó. Había desaparecido.
Tomó consciencia de su cuerpo en otro plano. Su mejilla estaba húmeda y se negaba a abrir los ojos. Pero no olvidaría lo que acababa de pasar. Noche tras noche, la buscaría. Ella existía de verdad, él lo sabía. Lo había visto, ella se lo había dicho. La encontraría por la noche para saber como encontrarla fuera del mundo de los sueños. Tomó la decisión... Y abrió los ojos.
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